Hace exactamente una semana (jueves 9 de febrero) fue cumpleaños de Dante “el Chango” (no confundir con
Changos), y por supuesto que la banda tenía que festejarlo de acuerdo a la tradición:

Y le fue bien, hace 4 años le sacamos hasta sangre.
Ya he hablado algo de mi etapa preparatoriana en el CBTis 118, tal vez no lo han notado pero a más de la mitad de los amigos que tengo los conocí ahí (Dante, Toño, Jammal, Fabe, el Mamey, Pinky, el Elvis, etc.). Ya he mencionado que ese fue un período salvaje donde definitivamente pudimos dar rienda suelta a nuestros natos instintos agresivos.
No cabe duda que uno de los sentimientos más liberadores que pueden existir en este planeta es meterle sus putazos a alguien (no tiene que ver, pero me acaban de dar otra paleta que por el 14 de febrero ¿uh?, y una vieja con la que ni me llevo, ¿uh, uh?), esa sensación de ridículo poder, saberse poseedor del control y tener un bulto de carne y huesos como colchón para esos impulsos de tus extremidades es algo realmente enviciante.
La cosa en mi prepa era más o menos así: nos juntábamos entre 12 y 5 cabrones (el número fue variando de acuerdo al semestre) y siempre nos poníamos de acuerdo para meterle sus madrazos a alguien (de nosotros mismos), la noticia iba corriendo de una otro de manera discreta, para que la víctima en turno no lo notara, y fuera sorprendida en el momento exacto. Incluso había ocasiones en que te decían: “le toca putiza al Pooh” y cuando ibas tú bien confiado a meterle sus chingadazos al pobre Pooh resultaba que todo era una pantalla y el que acababa sirviendo como costal de arena eras tú.
Y cuando digo que entre nosotros, que éramos amigos, nos metíamos nuestros madrazos no crean que por ser amigos todo era leve, no, no, no, hubo de todo, desde los típicos bolita, tubo, ley fuga y barriga roja hasta inventos dignos de la Santa Inquisición como el “cubículo”, la “ventana” y el “arrastrado en los meados del suelo del baño” –sobra decir que una putiza estaba incluida- ; nunca faltaron los güeyes a los que les reventaron un labio, frentes descalabradas, moretones de diámetros impresionantes que duraban por dos semanas, marcas de cuerdas (que no de reatas), ya mencioné sangre en la barriga, etc.
Creo que era parte de nuestro amplio sentido de la “amistad” (lo que acabo de decir suena bastante idiota, lo se) el hecho de aguantarse, tú sabías que te tocaban los madrazos, pero sabías que al día siguiente (o con suerte ese mismo) le tocaría a alguien más y entonces podrías desquitarte (ya luego el se desquitaría cuando le tocara a otro y este a otro y así), por lo tanto te resignabas. Por duro que te pegaba alguien, no te encabronabas con él, era como un pacto no dicho que teníamos.
Por eso, este 9 de febrero, cuando vi al Jammal y al Fabe caminar aprisa, sabiendo que era el cumpleaños de Dante y escuche las palabras: “ven, vamos a putear al Chango” sonreí como idiota y los ojos me brillaron cual niño ante su primer juguete. Toño se acababa de ir con su vieja (mandilón) y no se nos pudo unir, Pinky estudia en otra escuela, así que tampoco pudo participar, Chivo ya no vive aquí y el Mamey sabe dónde andaba, pero éramos tres, más que suficientes para acomodar una buena madriza.
Fuimos al edificio donde toma clases, nos asomamos a su salón y no estaba, pero identificamos su mochila, así que como preámbulo, tomamos el bote de basura y después de deliberar unos segundos sobre cual de las múltiples opciones que ofrecen un bote lleno de basura y la mochila de un compa sin supervisión decidimos poner el bote de basura en el lugar de Dante, abrir su mochila y depositarla de cabeza dentro del bote.
Justo en ese momento se apareció el cabrón en la puerta, y al vernos se acercó haciéndola de pedo, pero en cuanto vio que los tres traíamos esa mirada enferma y recapacitar que era su cumpleaños comenzó a correr como nena despavorida. Por supuesto, su servilleta “El Mulder” es bien pinche atlético, así que baje las escaleras en chinga, lo alcancé, lo encerré y en cuanto nos alcanzaron los otros dos, ahora sí, Jammal lo sujetó de un lado, yo del otro, unos putazos en el plexo solar para apaciguarlo y que opusiera menos resistencia mientras Fabe le ensartaba las patas de una butaca en el culo.
¡¡¡BARRIGA ROJAAAAAA!!! –grité, así que mientras el idiota luchaba inútilmente, le sujeté las piernas y Jammal los brazos para estirarlo, pero Fabe se vio lento y sólo le daba pataditas de niña en un costado (creo que a Fabe le falta un ajuste de huevos, una madriza puede solucionar eso), así que tuve que acomodarme para sujetarle las patas con un solo brazo mientras Fabe tomó un brazo de Dante y le levantó la playera y Jammal sujetaba la cabeza y el otro brazo y comencé a dar palmadas como desposeído en su barriga desnuda.
¡¡Dale dos por mí!! –gritó Jammal.
¡¡Uno, dos!! – conté mientras mi mano se azotaba en su asquerosa panza -. ¡¡¡Ahhhhhh!!! -es todo lo que podía gritar nuestra víctima.
Cagados de risa lo soltamos, nos levantamos y cuales buenos compas que somos, le dimos su abrazo y lo felicitamos. Si se fijan bien en la foto, pueden ver mis dedos marcados e incluso la piel botada con la forma de mi mano.
Mientras nos reíamos todos juntos, Dante nos “presumía” su estómago hecho mierda, Jammal se acerca para ver mejor y ¡¡¡verga!!!, otro mega madrazo en la panza.
A los 5 minutos pasa “el Clavi” caminando por ahí (otro excompañero de prepa, la víctima usual de nuestros salvajismos, nuestro patiño pues), lo llamamos para que viera a Dante, y éste, ingenuo, le muestra su estómago sólo para que Clavi le meta otro megamanotazo, pfffft. Muy cagado.
No se a que se deba el hecho de que sea tan divertido golpear a alguien, tiendo a pensar que es parte de liberar el reprimido impulso de agresividad que forma parte de nosotros y que suprimimos para vivir de a cuerdo a como dicta la sociedad. De verdad no se. Pero como me divierte.